Vuelven a golpear a
Tomo aire bien profundo. Me acerco a
- Doña Malena, le presento al señor Enrique. Necesita hablar con ustedes. Yo tengo muchas cosas que hacer. Los dejo.
Y nos dejó nomás. Ahí, parado este señor Enrique, alto, corpulento, grandote; podía sospecharse un cuerpo musculoso, muy trabajado. Gesto adusto, cara seria, impone… miedo más que respeto. Ojos oscuros, tez muy blanca, pelo corto azabache y bigotes prolijamente recortados. Esa clase de hombre que uno preferiría no conocer en toda
Vidente. Sí, esa es mi habilidad de bruja. No siempre, no todo el tiempo. Veo cosas que otros no, o escucho no lo que la gente dice sino lo que en realidad piensa; clarividencia y clariaudiencia. No es fácil.
Instintivamente pido ayuda a todos los ángeles que estén disponibles. Sí, también creo en los ángeles. De ninguna manera quiero que entre en nuestro cuarto. Y si es por mi pedido de auxilio o porque él ya lo tenía decidido, no lo sé, pero gracias a quien corresponda este señor rompiendo el silencio dice:
- Las espero en el living. Por favor, traten de calmarse y bajen pronto. Tenemos que hablar.
Cierro
- Malena, dale… volvé, tenemos que bajar. Vinimos, no hay vuelta atrás. Estamos acá así que hay que enfrentar esto de una buena vez. Sea lo que fuere.
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Texto: Laura Ramírez Vides


