Según el Diccionario de
1. Suceso extraño que excede los límites regulares de la naturaleza.
2. Cosa especial, rara, primorosa en su línea.
3. Milagro, hecho de origen divino.
Hola. Soy yo, Lucía. Necesito que vengan a casa. Vos y las chicas. Es importante. Por favor, encargate de buscarlas. No sé qué hacer, las necesito. Les pido mil disculpas pero no puedo confiar en nadie más que en ustedes. Traigan ropa como para quedarse todo el fin de semana. Las espero al mediodía. Te quiero mucho. Tut-tut-tut-tut.
Jueves Santo. 8 de
Así que totalmente shockeada, me sacudí el asombro y empecé a organizar lo que Lucía me había pedido. En menos de una hora había hablado con las chicas. Las chicas… con nosotras se aplica perfectamente el dicho “Dios las cría y el viento las amontona”. Nosotras preferimos autodenominarnos “el coven” que es como se llama en inglés a un grupo de brujas. Y sí, cada una a su modo es un poco brujilda. Y todas reconocemos serlo. ¿Nuestras habilidades? Tiempo al tiempo.
El lazo que nos une es tan fuerte que si bien cada una ya tenía previamente organizado su fin de semana, dejamos de lado lo arreglado e hicimos lo necesario para estar a las 10 de la mañana tomando la autopista hacia la estancia de Lucía.
Nunca supe explicar muy bien cómo fue que nuestra amistad fue creciendo, alimentándose y fortaleciéndose de tal manera. Somos tan distintas.
Mercedes. Esposa y madre de familia. Ella es… buena; jamás piensa mal de nadie, siempre justifica al mundo y su candidez ante la vida más de una vez nos ha sacado de quicio; pero es casi imposible permanecer enojada con ella más de tres minutos.
Rosario. Madre soltera por decisión y elección. Mujer con una fortaleza y determinación que realmente asusta. El sex-symbol del grupo. Una verdadera máquina de levantar hombres. Los hecha, los maltrata y ellos siguen persiguiéndola; todos menos el que a ella le interesa, obviamente.
Agustina. Una mujer independiente, con mucha vida vivida, actriz, que disfruta de cada instante con tal intensidad que no resulta fácil para quien quiera acompañarla sin por eso correr el riesgo de desintegrarse en el camino.
Y yo, Malena. Originalmente el nexo entre todas ellas. Lucía fue mi concuñada siglos atrás; Mercedes, compañera de secundaria y hermana postiza; a Rosario la conocí en la Universidad y con Agustina trabajamos en el mismo lugar.
Recién me había separado cuando empezamos a juntarnos; como estábamos todas solas, tratábamos de hacer “algo” aunque más no fuera una vez por semana. Cine, teatro, ir a algún pub, tomar un trago, escuchar algún grupo tocar, de vez en cuando ir a bailar, o simplemente juntarnos en la casa de alguna a compartir una muy buena comida, video y charla hasta al amanecer.
A la primera que perdimos fue a Mercedes; se casó. Pero de todas formas seguimos encontrándonos con ella al menos una vez al mes. Su marido es un gran cocinero, así que nos deleita con algún manjar y después desaparece para dejarnos solas; incluso fue haciéndose cargo de los niñitos a medida que entraron en nuestras vidas para que Mercedes pueda charlar con nosotras como en los viejos tiempos. Una verdadera joyita el hombre.
Más o menos para la misma época Lucía también se casó. Pero su caso es diferente. Por trabajo su marido pasa la mayor parte del tiempo viajando. Es un ejecutivo moderno con una carrera brillante, lo que le asegura a Lucía algo más que un buen pasar, a la vez que muchísimas noches de soledad. Tiene mucama, niñera y cocinera; así que siguió saliendo con nosotras a pesar de haber cambiado de estado civil y de haberse convertido en madre.
En cuanto a Rosario, Agustina y yo. En forma alternada, a veces consecutiva, otras simultánea; hemos tenido todo tipo de relaciones; cortas, largas, interrumpidas, reincidentes, con casados, divorciados, solteros, hombres mayores, de nuestra edad, inclusive algún que otro mozuelo ha pasado por nuestras vidas. Pero en este momento, las tres estamos solas.
Y junto con Mercedes, las cuatro vamos en mi auto a la casa de Lucía, embargadas por la intriga, llenas de preguntas compartiendo un silencio que da una sensación tan intensa de frío que empieza a doler. Por favor, que alguien diga algo! No sé por qué no puedo hablar, decir cualquier pavada; supongo que me da miedo. Todo esto me asusta. ¿Qué pasó, qué estará pasando? Mejor prendo la radio.
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Texto: Laura Ramírez Vides



1 comentario:
muy bueno, te empuja a seguir leyendo
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